Hablamos de placer y pensamos en sexo. Pero en el momento actual de mi vida, placer es mucho más que eso.

No sé si te pasa que vas tan deprisa que llega el final del día y no sabes realmente qué has hecho con tu tiempo. También me pasaba. Ahora, aunque mi vida es más caótica, me pasa menos.

Decidí ser más consciente con todo, y no solo de boquilla, sino sentirlo de verdad.

Ahora hay veces que me olvido de desayunar, o ups! no me he duchado en todo el día y no me había dado cuenta (no pasa muy a menudo). Y parece que me estoy contradiciendo. Pero no.

A día de hoy puedo decir que soy consciente de lo importante, de como me siento y porqué lo siento, y eso va más allá de las cosas del día a día.

Porque obviamente me cabreo también por tonterías y critico cuando alguien gira en la carretera sin poner el intermitente, pero realmente mi foco no está ahí, eso son simplemente anécdotas.

Por eso, se han hecho importantes en mi vida (y me encantaría que también en la tuya) los placeres a los que no deberíamos renunciar JAMÁS.

Para mí, placer es (ojo a la chorrada) colgar la alcachofa de la ducha en alto y que el chorro calentito me de a presión en la cabeza durante unos segundos, cerrar los ojos, sentir la presión, el calor, el silencio. ¿Porqué os cuento esto? Pues porque jamás hasta hace unos meses había colgado la alcachofa, siempre la tenía en la mano, y me duchaba muy deprisa, hasta que lo probé y me sentí en un SPA.

Fíjate qué cosa más sencilla y cotidiana. Para mí es placer.

Un placer al que tampoco pienso renunciar es a comer delicioso. Tengo la suerte que mi marido cocina, le gusta y encima lo hace súper bien. Y me pasa a menudo que tengo algo en la cabeza y juntos lo hacemos realidad. Y lo disfruto muchísimo.

Eso de imaginarte una comida, un sabor y que la realidad supere a la expectativa, es un placer.

Se que a todas/todos no nos gusta cocinar o no tenemos quien nos cocine, pero espero que se haya entendido lo que quiero escribir. Aprovechar las posibilidades y opciones que nos da nuestra propia vida.

La posibilidad de encontrar la felicidad con pequeñas cosas cotidianas, que casi podemos disfrutar cada día, solos o en compañía, y que por ser «de andar por casa» ni valoramos.

Para mí es placer ese ratito (a veces minutos) de sofá en silencio (niños dormidos) antes de poner algo en Netflix o quedarnos dormidos.

Placer es irte a lo más antiguo del carrete del móvil y rememorar momentos y recuerdos con tu pareja o mejor amiga.

Placer es hacer planes, pensar en qué haremos mañana o en vacaciones, o cuando ya me haya recuperado del parto.

Placer es programar un día épico con tu mejor amiga, que estará planeado y llenito de pequeños placeres y risas, porque eso precisamente, es a lo que no queremos renunciar.

Estos y muchos otros, son los placeres a los que no debemos renunciar, EN LA VIDA.

¿Ya has pensado en los tuyos?